

Su madre llamaba cariñosamente Bubi al pequeño rey. El Ratón Pérez ya existía en la tradición popular pero fue el Padre Coloma el que inventó el cuento. En
En 1902 se publicó por primera vez este cuento y en 1911 se reeditó, está vez con ilustraciones. La imagen que hemos puesto es de esa edición. De nuevo el Padre Coloma regala este cuento al Rey, ya todo un hombre, con una emotiva dedicatoria escrita a mano:
para que se acuerde y encomiende a Dios
a este pobre pecador que tanto le ha querido
y tanto ha rogado y trabajado por la salud
de su alma y el prestigio de su nombre.
Había una vez una ostra que estaba muy triste porque había perdido su perla.
La ostra le contó su desgracia a un pulpo que se arrastraba por el fondo del mar;- ¿Cómo era la perla? - Blanca, dura, pequeña, y brillante.
El pulpo le prometió que le ayudaría y se fue. Se lo contó a una tortuga que estaba jugando con las olas. Ésta le dijo al pulpo que ayudaría a la almeja y se marchó a contárselo a un ratón que estaba merodeando por la playa. El ratón se apellidaba Pérez.
- Tiene que ser algo blanco, duro, pequeño, duro y brillante.
El ratón fue a buscar por ahí, pero no encontró nada que sirviera. Encontró un botón que era blanco, brillante y pequeño, pero no era duro, pues lo podía roer con facilidad con sus dientecillos. • Encontró una piedrecita blanca, pequeña y dura, pero no era brillante. • Encontró una moneda de plata blanca, dura y brillante, pero no era pequeña ...
El ratón se fue a su casa triste y decepcionado porque no había encontrado nada. La casa del ratón estaba en un hueco de la pared de la habitación de un niño. El niño había dejado el diente encima de su mesita de noche; el ratón lo vio, se acercó y comprobó que era blanco, pequeño, duro y brillante.
Así que cogió el diente de leche y a cambio le dejó al niño la moneda de plata. Luego volvió corriendo a la playa y le dio el diente a la tortuga. La tortuga al pulpo, y el pulpo a la ostra, que se puso contentísima, pues aquel diente de leche era del mismo tamaño que la perla que había perdido. Así que lo puso en el sitio de la perla, lo recubrió con un poco de nácar, y nadie podía notar la diferencia.
Por eso, desde entonces, cuando a un niño se le cae un diente de leche, lo pone debajo de la almohada y por la noche el ratoncito Pérez se lo lleva y le deja a cambio un regalo, aunque no siempre es una moneda de plata.
Luego el ratón lleva el diente a la playa y se lo da a una tortuga que se lo da a un pulpo, para que se lo lleve a una ostra que ha perdido su perla.



1 comentario:
A mí me gustó mucho el Palacio Real, pero más el de Aranjuez. Allí vi los vestidos de novia de la Reina Sofía y de sus hijas y también el de la princesa Leticia.
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