jueves, 28 de febrero de 2008

ANTONIO MACHADO A JOSÉ MARÍA PALACIO


Palacio, buen amigo,
¿está la primavera
vistiendo ya las ramas de los chopos
del río y los caminos? En la estepa
del alto Duero, Primavera tarda,
¡pero es tan bella y dulce cuando llega!...

¿Tienen los viejos olmos
algunas hojas nuevas?

Aún las acacias estarán desnudas
y nevados los montes de las sierras.

¡Oh mole del Moncayo blanca y rosa,
allá, en el cielo de Aragón, tan bella!

¿Hay zarzas florecidas
entré las grises peñas,
y blancas margaritas
entre la fina hierba?

Por esos campanarios
ya habrán ido llegando las cigüeñas.

Habrá trigales verdes,
y mulas pardas en las sementeras,
y labriegos que siembran los tardíos
con las lluvias de abril. Ya las abejas
libarán del tomillo y el romero.

¿Hay ciruelos en flor? ¿Quedan violetas?

Furtivos cazadores, los reclamos
de la perdiz bajo las capas luengas,
no faltarán. Palacio, buen amigo,

¿tienen ya ruiseñores las riberas?

Con los primeros lirios
y las primeras rosas de las huertas,
en una tarde azul, sube al Espino,
al alto Espino donde está su tierra...


Nos sugiere el abuelo esta poesía para ver cómo un andaluz supo describir estupendamente la primavera soriana y por extensión de Castilla. Desde Baeza , Antonio Machado, ausente del paisaje soriano, recuerda con nostalgia la llegada de la primavera, esa primavera que compartió muy pocos años con su esposa, enterrada en el cementerio del Espino. El poema concluye, precisamente, con el ruego al periodista y amigo , José María Palacio, de que deposite las primeras flores primaverales en la tumba de Leonor .


1 comentario:

Anónimo dijo...

La gente que no nos conoce, pero que viene a nuestro kiosco a través de Música para la Luna y otros sitios también puede dejar comentarios. Venga, por fi.


Bruno.