sábado, 16 de febrero de 2008

ALGO MÁS DIVERTIDO: unos chistes.

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Para quitarnos el nudo en la garganta que nos deja el final de "La lengua de las mariposas" os traemos unos chistes de exageraciones.


Era un verano tan seco, tan seco, que las vacas daban leche en polvo

Era un verano tan caluroso, tan caluroso, que las gallinas ponían los huevos fritos.

Era una vaca tan flaca, tan flaca, que en lugar de dar leche, daba pena.

Era tan vago, tan vago, que de no moverse echó raíces.

Era un sabio tan despistado, tan despistado, que no inventaba nada porque se le olvidaba.

Era tan pequeño, tan pequeño, que en lugar de viajar en «metro» viajaba en milímetro.

Era tan parlanchina, tan parlanchina, que no se pintaba los labios sino los codos.

Era tan pequeña, tan pequeña, que en lugar de dar a luz, dio chispitas.

Era una chica tan mona, tan mona, que sólo comía cacahuetes.

Era un coche tan malo, tan malo, que en lugar de matrícula tenía suspenso.

Era tan alto, tan alto, que no tenía «sien» sino mil.

Era tan alto, tan alto, que cuando miraba hacia abajo le daba vértigo.

Era tan avaro, tan avaro, que no pelaba patatas, las lijaba.

Era tan avaro, tan avaro, que no prestaba ni la menor atención.

Era tan avaro, tan avaro, que no se ponía al sol para no dar sombra.

Tenía la cabeza tan pequeña, tan pequeña, que no le cabía la menor duda.

Era una calle tan ancha, tan ancha, que en lugar de pasos de cebra tenía pasos de elefante.

Era tan baja, tan baja, que se ponía enferma para que el médico le diera de «alta».

Era una adivina tan buena, tan buena, que no sólo adivinaba el futuro sino también el pretérito pluscuamperfecto del subjuntivo.

Era tan alegre, tan alegre, que nunca comprendió la ley de la gravedad.

Era tan bajo, tan bajo, que para atravesar la alfombra tenía que llevar brújula.

Era tan bajo, tan bajo, que la cabeza le olía a pies.

Era tan bajo, tan bajo, que no tenía «sien» sino cincuenta.

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Era tan gafe, tan gafe, que le atropelló un coche que estaba aparcado.

Era tan delgado, tan delgado, que trabajaba limpiando mangueras por dentro.

Era tan delgado, tan delgado, que se hizo un traje de mil rayas y le sobraron novecientas noventa y nueve.

Era tan goloso, tan goloso, que entró en una pastelería, se le hizo la boca agua y se ahogó.

Era tan gafe, tan gafe, que se sentó en un pajar y se clavó una aguja.

Era tan feo, tan feo, que fue a comprar una careta y le dieron sólo la goma

Era tan alto, que se llamaba Julio y doce días de agosto.

Era tan alto, tan alto, que se comió un yogurt y cuando le llegó al estómago ya estaba caducado.

Era tan alto, tan alto, que tropezó el jueves y se cayó el domingo.

2 comentarios:

bruceipe dijo...

Si el éxito de una nueva entrada se mide en el número de comentarios, parece que lo de los chistes no triunfa. Nosotros, que queríamos animaros un poco.

Anónimo dijo...

Era tan pequeño, tan pequeño que se subió a una canica y dijo: el mundo es mío.