lunes, 7 de enero de 2008

LA PELUQUERA, EL PIRATA Y EL MAGO





Las aventuras y desventuras de la peluquera Cecilia, el pirata Bruno y el mago Íñigo.







Cecilia era la mejor peluquera de la ciudad. Todos los ciudadanos más emperingotados presumían de visitar su peluquería. Tenía a su cargo un numeroso ejército de peluqueras que no paraba de echar mechas, teñir canas, poner extensiones, hacer manicuras, pedicuras o arreglar barbas a los caballeros más importantes del municipio.
Ese sábado estaban muy nerviosas porque se casaba la hija de D. Braulio Millonetis, el dueño de casi todas las fábricas de la ciudad, y todas las señoras debían prepararse para presumir de modelo y de peinado. Tenían tanta gente citada, algunos con más de un año de antelación, que además de tener que contratar a cuatro peluqueras más, Cecilia tuvo que recurrir a sus primas Lucía, Irene y Martina para que le echaran una mano,.
Cuando estaban todas en plena faena, cotilleando sobre el nuevo novio que tenía la famosísima cantante Paulina Venegas y que salía en todas las revistas, nadie se dio cuenta de que alguien entraba. Se trataba del pirata Bruno, quien sigilosamente se acercó a Cecilia y le comunicó que necesitaba hacerse unos retoquitos en la perilla y cortarse las puntas de su estupenda cabellera porque tenía una cita muy importante esa misma tarde y no quería ir con la pañoleta. Cecilia, muy amablemente le replicó que era imposible, que se diera cuenta de que la peluquería estaba de bote en bote y todavía quedaba mucho trabajo por hacer. Bruno siguió insistiendo, al principio de buenas maneras, pero cada vez se iba enfadando más y más. La clientela se estaba empezando a asustar. Así que, Cecilia, después de consultar con sus primas, le contestó que volviera dentro de tres horas, cuando terminara con la última señora y que, aunque ya era hora de cerrar, le atenderían gustosamente.
El pirata accedió y se marchó. A las tres horas volvió; muy educado, se dejo hacer todo lo que le indicó Cecilia. Se fue muy complacido e incluso dejó una estupenda propina, más de lo que les solían dejar en una semana de trabajo.
A la semana siguiente, las clientas volvieron a la peluquería cotilleando sobre la boda: los vestidos y los peinados que llevaba la gente.
Cuando Cecilia lavó el pelo a la primera señora empezó a notar algo extraño en el champú, el olor no era el de siempre; no es que oliera mal, pero era distinto. Al principio no salía espuma, pero poco a poco empezó a surgir una espuma azul verdosa. Cecilia le aclaró el pelo sin decir nada y comenzó a peinarla.
A medida que desenredaba el pelo notaba cómo en cada mechón saltaban unas chispitas de colores. La clienta estaba ensimismada en su revista y no se daba cuenta de nada. Cuando comenzó con el secador, las chispas desaparecieron y todo parecía normal. Poco a poco se fue llenando la peluquería y por un momento, Cecilia se olvidó de ello. La clienta se marchó y todo volvió a ser como siempre.
Al poco tiempo regresó porque se había olvidado el paraguas y al entrar, todas dieron un grito de horror. Ella no supo qué ocurría hasta que, de refilón, se vio reflejada en un espejo. ¡Se había quedado completamente calva! Pero, al instante, las demás clientas, que ya estaban peinadas, comprobaron espantadas, que se les iban cayendo los mechones poco a poco, así que, las pocas que quedaban sin peinar salieron corriendo a arreglarse en otra peluquería.
En un primer momento creyeron que se trataba del cambio climático pero enseguida llegaron a la conclusión de que era cosa del pirata Bruno que seguramente habría echado alguna poción en el champú. Un enjambre de calvas iracundas fue a buscar al mago Iñigo, que era el único que podría encontrar una solución. Iñigo, después de estudiar concienzudamente el asunto, les mandó esperar en la peluquería.
Tras consultar su gran libro de la magia, mezcló cuerno de unicornio molido con vino hervido y miel, un poco de sangre de dragón , dos pelos de pata de lechuza y grasa de elefante y con el mejunge frotó la cabeza de tan altas damas.
Al instante, comenzaron a crecerles ramas de árboles de distintas clases: abedules, acacias, fresnos, cedros, álamos, enebros, incluso de tamarindos y de sequoias, y de algunas de esas ramas, surgían pequeñas flores con sus insectos y todo. Iñigo estaba muy satisfecho, ¡verdaderamente estaban atractivas estas mujeres! Cuando se iba a marchar, muy orgulloso del trabajo realizado, oyó un griterío ensordecedor, como si todas las brujas, hadas, elfos y dragones se hubieran puesto a vociferar. Pero no, se trataba de la clientela de la pelu, que por lo visto no estaba muy conforme con su nuevo estilismo. A pesar de que él las veía muchísimo más seductoras así, se avino a devolverles sus antiguas cabelleras. Primero comenzó a podar las ramas con el siguiente conjuro: “No cortaré por deleitarme, no cortaré hueso ni sangre.” A continuación, preparó una pócima, mezclando ojos de tritón, con patas de sapo y dos hebras de lana de un murciélago y frotó las cabezas de las señoronas una por una. Ahora sí que empezó a crecerles su pelo de siempre, y no sólo eso, sino que les salía teñido y peinado.
Las clientas se quedaron muy satisfechas, algo que Iñigo no entendía, pues ahora las veía muchísimo peor que antes, y además mucho menos ecológicas.
El gran mago se fue en busca del pirata Bruno para darle el castigo que se merecía, pero para eso tuvo que vivir un montón de aventuras que no caben en este cuento.

5 comentarios:

bruceipe dijo...

Ya nos vamos a la cama, nos hemos bañado y nos hemos puesto estos pijamas que nos trajeron los Reyes. Hemos guardado todos los juguetes y nos han cabido todos. ¿Será que no tenemos tantos? Ya hemos preparado las mochilas, la ropa de mañana, las batas y ¡otra vez a madrugar! ¡con lo tarde que nos hemos estado levantando estos días!. Nos da pena que se hayan acabado las vacaciones y dice Bruno que le da mucha pereza empezar el cole, pero que luego, cuando ya se ha acostumbrado, le gusta ir.Eso les pasa también a los mayores, que después de tanto descanso les cuesta volver a la rutina: el síndrome post-vacacional, ahora hay síndromes para todo.

Anónimo dijo...

A mí los Reyes me han traído también un pijama my elegante de estilo oriental, pero no me sale ningún cuento.

Anónimo dijo...

¡Qué nivel Maribel! Si ampliáis el cuento un poco y lo ilustráis seguro que os lo publican. Tenéis que continuar con la saga de aventuras. Son muy divertidas.

Eva dijo...

Menuda historia!!!

Cuando he empezado a leerla, he pensado en ponerme en manos de Cecilia, pero sabiendo que Bruno puede estar cerca quizá me lo piense......aunque teniendo a Íñigo....

Me ha encantado el cuento y vuestros pijamas.

bruceipe dijo...

Próximamente habrá nuevas aventuras de la peluquera, el mago y el pirata....