Hoy toca un poco de filosofía para reflexionar sobre el paso del tiempo.Según una leyenda griega recogida por Plutarco:
“El barco en el cual volvieron desde Creta, Teseo y los jóvenes de Atenas, tras su victoria sobre el Minotauro, tenía treinta remos .Los atenienses lo conservaban desde épocas muy remotas, ya que retiraban las tablas estropeadas y las reemplazaban por unas nuevas y más resistentes, de modo que este barco se había convertido en un ejemplo ,entre los filósofos, sobre la identidad de las cosas que crecen; un grupo defendía que el barco continuaba siendo el mismo, mientras que el otro aseguraba que no lo era.”
De todo ello se puede deducir la siguiente pregunta: Al final, ¿estaríamos en presencia del mismo barco si se hubieran reemplazado cada una de las partes del barco una a una?
Existe además una pregunta adicional: si las partes reemplazadas se almacenasen, y luego se usasen para reconstruir el barco ¿cual de ellos - si lo es alguno - sería el barco original de Teseo?
Eso nos lleva a la famosa frase del filósofo griego Heráclito: "Ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos."
Otro filósofo, el inglés John Locke, reflexionó sobre el mismo asunto. “Imaginaos un calcetín al que le sale un tomate. Si se le hace un remiendo podría aun ser el mismo calcetín. Si así era, ¿entonces podría seguir siendo el mismo calcetín después de que se le aplicara un segundo parche? ¿Podría, en efecto, seguir siendo el mismo calcetín varios años después, incluso después de que todo el material del calcetín fuera reemplazado por remiendos?”
“La vieja hacha del abuelo”, es una expresión coloquial en inglés, que describe algo a lo que le queda poco del original: “ha tenido tres nuevas cabezas y cuatro nuevos mangos, pero todavía es la misma vieja hacha”.
Podemos pensar muchos ejemplos de la paradoja de Teseo: nuestro colegio, nuestro barrio, nuestro pueblo, cuando pasen unos años, aunque hayan sufrido un reemplazamiento completo, aún mantendrán algún aspecto de su identidad.
De manera similar, el cuerpo humano constantemente crea nuevas células mientras que las viejas mueren. El promedio de edad de las células en un cuerpo adulto puede ser de menos de diez años. Nuestro cuerpo cambia no sólo por fuera sino también por dentro. Cambian nuestros gustos, nuestra forma de ver el mundo, de aceptar los fracasos, vivimos continuamente experiencias nuevas que nos hacen cambiar. ¿Seguimos siendo los mismos?



3 comentarios:
Si al barco le has cambiado una pequeña tabla,ya no será el mismo.Lo explica Párménides:
Afirma Parménides la unidad e identidad del ser. El ser es, lo uno es. La afirmación del ser se opone al cambio, al devenir, y a la multiplicidad. Frente al devenir, al cambio de la realidad que habían afirmado los filósofos jonios y los pitagóricos, Parménides alzará su voz que habla en nombre de la razón: la afirmación de que algo cambia supone el reconocimiento de que ahora "es" algo que "no era" antes, lo que resultaría contradictorio y, por lo tanto, inaceptable. La afirmación del cambio supone la aceptación de este paso del "ser" "al "no ser" o viceversa, pero este paso es imposible, dice Parménides, puesto que el "no ser" no es.
Una tabla
Luego,según Parménides,si cambiamos no somos,es decir, no existimos.¡Vaya tío raro ese Parménides!
Las paradojas de Zenón son una serie de paradojas o aporías, ideadas por Zenón de Elea, para apoyar la doctrina de Parménides de que las sensaciones que obtenemos del mundo son ilusorias, y concretamente, que no existe el movimiento. Racionalmente, una persona no puede recorrer un estadio de longitud, porque primero debe llegar a la mitad de éste, antes a la mitad de la mitad, pero antes aún debería recorrer la mitad de la mitad de la mitad y así eternamente hasta el infinito. De este modo, teóricamente, una persona no puede recorrer un estadio de longitud, aunque los sentidos muestran que sí es posible. Zenón trató de probar que el ser tiene que ser homogéneo, único y, en consecuencia, que el espacio no está formado por elementos discontinuos sino que el cosmos o universo entero es una única unidad.
Inventó la demostración llamada ad/absurdum (reducción por el absurdo), que toma por hipótesis las afirmaciones del adversario y muestra los absurdos a los que se llegaría si esa hipótesis fuera verdadera, obligando al interlocutor, en última instancia, a aceptar la tesis opuesta a la que sostuvo en un principio.¡Menuda paradoja!
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