
De esta poesía tan divertida conocíamos alguna estrofa, pero con el maravilloso Google la hemos encontrado entera. Unos datos curiosos sobre la biografía de su autor:
Escritor y libretista de zarzuelas, nacido en Madrid en 1865. De padre italiano y madre española, estudió Derecho y, una vez licenciado, aunque nunca ejerció, publicó un libro titulado: Respuestas a los Temas de Derecho Administrativo, con la finalidad de ayudar a quienes se presentaban a unas oposiciones, dándose la curiosa circunstancia de que él nunca consiguió superar ninguna, y sí en cambio, muchos de los que habían usado su libro. Por este motivo decidió abandonar la abogacía y dedicarse a la literatura, que le atraía mucho más. Autor de fecunda producción, obtuvo éxitos clamorosos y de su pluma surgieron más de 120 títulos, que hicieron considerar a Joaquín Abatí como un autor de primera fila en su época. Destacó en su faceta de autor de zarzuelas, campo en el que colaboro con otros autores, como fueron Carlos Arniches y Antonio Paso.
Volvió a entrar en contacto con su carrera de Derecho y llego a ser académico de
A cuatro leguas de Pinto
y a treinta de Marmolejo,
existe un castillo viejo
que edificó Chindasvinto.
Lo habitaba un gran señor,
algo feudal y algo bruto;
se llamaba Sisebuto
su esposa, doña Leonor,
y Cunegunda, su hermana,
y su madre, Berenguela,
y una prima de su abuela
que atendía por Mariana,
y su cuñado, Vitelio,
y Cleopatra era su tía,
y su nieta, Rosalía,
y su hijo mayor, Rogelio.
Era una noche de invierno,
noche cruda y tenebrosa,
noche sombría, espantosa,
noche atroz, noche de infierno,
noche fría, noche helada,
noche triste, noche oscura,
noche llena de amargura,
noche infausta, noche airada.
En un gótico salón
dormitaba Sisebuto,
y un lebrel seco y enjuto
roncaba en el portalón.
Con quejido lastimero
el viento fuera silbaba,
e imponente se escuchaba
el ruido del aguacero.
Cabalgando en un corcel
de color verde botella,
raudo como una centella
llega al castillo un doncel.
Empapada trae la ropa
por efecto de las aguas,
¡como no lleva paraguas
viene el pobre hecho una sopa!
Salta el foso, llega al muro,
la poterna está cerrada.
- ¡Me ha dado mico mi amada!
-exclama-, ¡vaya un apuro!
De pronto algo que resbala
siente sobre su cabeza;
extiende el brazo y tropieza
con la cuerda de una escala.
- ¡Ah!... -dice con fiero acento.
- ¡Ah!.. -vuelve a decir gozoso.
- ¡Ah!.. -repite venturoso.
- ¡Ah!.. -otra vez, y así, hasta ciento.
Trepa que trepa que trepa,
sube que sube que sube,
en brazos cae de un querube,
la hija del conde,... ¡
En lujoso camarín
introduce a su adorado,
y al notar que está mojado
lo seca bien con serrín.
- Lisardo... mi bien, mi anhelo,
único ser al que adoro,
el de los cabellos de oro,
el de la nariz de cielo,
¿qué sientes, di, dueño mío?,
¿no sientes nada a mi lado?,
¿qué sientes, Lisardo amado?
Y él responde: - Siento frío.
- ¿Frío has dicho? Eso me espanta.
¿Frío has dicho? eso me inquieta.
No llevarás camiseta
¿verdad?... pues toma esta manta.
- Y ahora hablemos del cariño
que nuestras almas disloca.
Yo te amo como una loca.
- Yo te adoro como un niño.
- Mi pasión raya en locura,
- La mía es un arrebato.
- Si no me quieres, me mato.
- Si me olvidas, me hago cura.
- ¿Cura tú?, ¡Por Dios bendito!
No repitas esas frases,
¡en jamás de los jamases!
¡Pues estaría bonito!
Hija soy de Sisebuto
desde mi más tierna infancia,
y aunque es mucha mi arrogancia,
y aunque es mi padre muy bruto,
y aunque temo sus furores,
y aunque sé a lo que me expongo,
huyamos... vamos al Congo
a ocultar nuestros amores.
- Bien dicho, bien has hablado,
huyamos aunque se enojen,
y si algún día nos cogen,
¡que nos quiten lo bailado!
En esto, un ronco ladrido
retumba potente y fiero.
- ¿Oyes? -dice el caballero-,
es el perro que me ha olido.
Se abre una puerta excusada
y, cual terrible huracán,
entra un hombre..., luego un can...,
luego nadie..., luego nada...
- ¡Hija infame! -ruge el conde.
¿Qué haces con este señor?
¿Dónde has dejado mi honor?
¿Dónde?, ¿dónde?, ¿dónde?, ¿dónde?
Y tú, cobarde villano,
antipático, repara
cómo señalo tu cara
con los dedos de mi mano.
Después, sacando un puñal,
de un solo golpe certero
le enterró el cortante acero
junto a la espina dorsal.
El joven, naturalmente,
se murió como un conejo.
Ella frunció el entrecejo
y enloqueció de repente.
También quedó el conde loco
de resultas del espanto.
El perro... no llegó a tanto,
pero le faltó muy poco.
Desde aquel día de horror
nada se volvió a saber
del conde, de su mujer,
la llamada Leonor,
de Cunegunda su hermana,
de su madre Berenguela,
de la prima de su abuela
que atendía por Mariana,
de su cuñado Vitelio,
de Cleopatra su tía,
de su nieta Rosalía
ni de su chico Rogelio.
Y aquí acaba la leyenda
verídica, interesante,
romántica, fulminante,
estremecedora, horrenda,
que de aquel castillo viejo
entenebrece el recinto,
a cuatro leguas de Pinto
y a treinta de Marmolejo.



6 comentarios:
Esta sí que mola. Nos van mucho más los ripios que la lírica y la épica.
Esta poesía, tanto por la forma como por el tema, nos recuerda mucho a "La venganza de Don Mendo". Los autores son coetáneos (Pedro Muñoz Seca, Puerto de Santa María 1881-Paracuellos del Jarama 1936). La astracanada triunfaba a principios del siglo pasado.
No hay forma de cambiar el "dijo". Queda fatal esa falta de concordancia; por eso es mejor que pongáis un alias en singular.
Entrando en algún blog ,me he encontrado el"dijo" en inglés y queda mejor:
bruceipe said
Y hablando de ripios ahí va otro inédito de Luis García Montero (el manuscrito obra en mi poder):
Buscaba en Babilonia la poesía
que de piedras ilustres se evapora
y acabé cual sardina en tierra mora
asada por la fiel infantería.
Un poeta tras otro describía,
a muy poca distancia de Basora,
la historia entera de la fauna y flora
de la patria feliz de la arabía.
¡Que no resisto más!¡Que los misiles
nos estallen por cientos o por miles,
destruyendo el parnaso mahometano!
¡Que prefiero que llegue la invasión
a morir de una triste insolación
cuando Jomeini queda tan a mano!
(Dedicado y fechado en Bagdad el 28 de noviembre de 1987)
Esta poesía se merece una entrada, no un simple comentario
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