jueves, 31 de enero de 2008

¡CÒMO SE PARECEN GANDHI Y FALLA!


Ilustramos la anécdota que nos cuenta el abuelo en la entrada sobre Gandhi, con un billete de cien pesetas, donde aparece la imagen del célebre compositor gaditano Manuel de Falla.

Después de unos años de formación en Madrid, donde ya en su juventud se hizo famoso con la ópera “La vida breve”, pasó a Francia ,como casi todos los artistas de la época: por aquellos años vivían en Paris: Picasso, Antonio y Manuel Machado, Rubén Darío…. Con todos ellos se relacionó Falla, además de con los grandes músicos de entonces: Albeniz, Debussy, Turina ,Ravel….

De esta etapa parisina son sus obras más famosas: “El amor brujo” y “El sombrero de tres picos”.

Años después, se trasladó a Granada, viviendo en una casa cercana a la Alhambra ,donde llevó una vida retirada, rodeado de un grupo de amigos entre los que se encontraba Federico García Lorca, con el que grabó numerosas canciones, acompañados por la “Argentinita”. Los jardines del Generalife le sirvieron de inspiración para su obra “Noches en los jardines de España”.

En 1936, Falla intentó por todos los medios salvar a Lorca del fusilamiento , aunque no lo consiguió.

Los últimos veinte años de su vida, Manuel de Falla los pasó trabajando en la que consideraba había de ser la obra de su vida: “La Atlántida”, sobre un poema catalán del poeta de Jacint Verdaguer, que le había obsesionado desde su infancia y en el cual veía reflejadas todas sus preocupaciones filosóficas, religiosas y humanísticas. No llegó a terminarla y fue su discípulo Ernesto Halffter quien, siguiendo los esbozos del maestro, logró finalizarla.

Después de la guerra, se exilió en Argentina. Cuando murió, en 1946, sus restos fueron trasladados a Cádiz para recibir sepultura en su catedral. A su entierro asistieron todas las autoridades civiles y militares de la época.

Falla tenía una personalidad un tanto especial. Entre sus múltiples manías se encontraba una fuerte aversión a la suciedad, hasta el punto de tener que desinfectar personalmente con alcohol cada una de las teclas del piano en el que tocaba cuando daba un concierto, por el simple hecho de que había pasado por muchas manos. Tenía fobia a los microbios. Incluso llegó a desarrollar una dermatitis de tanto lavarse las manos

1 comentario:

bruceipe dijo...

Nosotros no tenemos ninguna aversión a la suciedad, seguro que no desarrollamos una dermatitis de tanto lavarnos. ¡Nos encantan los microbios!